¿Por qué un olor transporta a la infancia según la ciencia?

Un estudio del Centro Nacional para la Investigación Científica francés revela que experiencias olfativas repetidas y positivas en la infancia activan neuronas clave en la adultez.

Los aromas de la infancia poseen la capacidad única de transportarnos inmediatamente al pasado, evocando recuerdos y emociones muy intensos. Este fenómeno, conocido como el efecto de la “magdalena de Proust”, tiene ahora una explicación neurocientífica precisa.

Una investigación del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia ha identificado por primera vez los mecanismos neuronales responsables de este impacto.

El estudio, publicado en la revista “Plos Biology”, demuestra que las experiencias olfativas positivas y repetidas durante los primeros años de vida dejan una huella permanente en el cerebro. Décadas después, basta percibir nuevamente ese aroma específico para reactivar no solo la memoria de un momento cotidiano, sino también las emociones asociadas a él, conservando una intensidad afectiva excepcional.

¿Cómo actúa el cerebro ante un olor?

Los científicos identificaron que un grupo específico de neuronas del bulbo olfativo desempeña un papel protagonista en este proceso. Esta región cerebral continúa desarrollándose durante la infancia. Cuando un adulto reencuentra un olor familiar de su niñez, estas neuronas ponen en funcionamiento circuitos cerebrales relacionados con la memoria y la recompensa. Con el paso de los años, el recuerdo cambia de soporte en el cerebro.

La memoria deja de depender tanto de esas neuronas iniciales. Pasa a apoyarse sobre todo en redes vinculadas con las emociones, lo que explica su intensidad afectiva. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores combinaron estudios con voluntarios humanos y experimentos con ratones. Descubrieron que los recuerdos olfativos más antiguos solían asociarse a experiencias agradables repetidas y a olores presentes a lo largo de la vida.

Experimentos confirman la huella olfativa

Los científicos diseñaron un modelo experimental en ratones. Durante su infancia, expusieron a los animales repetidamente a un olor agradable asociado a experiencias positivas en un entorno enriquecido. Ya en su etapa adulta, los ratones mostraban una clara preferencia por ese aroma. Los experimentos permitieron además comprobar un hecho fundamental para confirmar la teoría.

Si los investigadores bloqueaban temporalmente las neuronas implicadas en esa memoria olfativa temprana, los animales dejaban de mostrar su preferencia por el olor conocido. El trabajo también revela que esos recuerdos necesitan mantenerse vivos. En los animales de más edad, la persistencia de la memoria dependía de volver a exponerse periódicamente al aroma. Sin esos reencuentros, la huella tendía a debilitarse.

Los autores creen que estos resultados ayudan a comprender por qué los olores evocan recuerdos más antiguos y emocionalmente más intensos. Estudios previos ya habían señalado que la memoria olfativa suele remontarse a la primera década de vida. La investigación ofrece una explicación neurocientífica que refuerza la idea de que el olfato ocupa un lugar singular en la memoria humana.

Fuente: ÚH

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