Bélgica goleó a EE.UU. tras la polémica con Donald Trump

Pese al polémico indulto a Balogun por presión de la Casa Blanca, el equipo de Pochettino fracasó. Los Diablos Rojos avanzaron y medirán a España en cuartos.

El fútbol volvió a demostrar que todavía tiene defensas frente a la intromisión del poder político en los despachos deportivos. Al caer la tarde del lunes en Seattle, Bélgica dio un golpe de autoridad en la cancha: goleó 4-1 a Estados Unidos, dejó atrás la presión llegada desde la Casa Blanca y avanzó a los cuartos de final del Mundial 2026. Con ese resultado, los Diablos Rojos enfrentarán a España este viernes en Los Ángeles.

La previa ya venía cargada por la intervención de Donald Trump ante la FIFA para conseguir el indulto de Folarin Balogun. El atacante estadounidense fue habilitado por Gianni Infantino después de las gestiones de los abogados de la administración presidencial en Washington. Pero en el campo no hubo respuesta: Balogun firmó un partido apagado, apenas tocó 19 veces el balón y fue sustituido al minuto 92 sin generar peligro. El equipo de Mauricio Pochettino lució paralizado, golpeado por el escándalo político que terminó por contaminar su habitual frescura.

Bélgica, en cambio, dominó de principio a fin con una autoridad incuestionable. Charles de Ketelaere marcó los dos primeros goles en la primera mitad, mientras que Hans Vanaken y Romelu Lukaku sellaron la goleada en el complemento. La derrota significó, además, la despedida del último país anfitrión que seguía con vida en la Copa del Mundo, después de las eliminaciones de Canadá el sábado y México el domingo.

El escándalo también pesó fuera de la cancha. Las cámaras de la transmisión enfocaron una y otra vez a Gianni Infantino, serio en su palco, como si temiera que la concesión hecha en la previa hubiera sido en vano. Mientras tanto, Estados Unidos arrancó el partido atado, sin respuestas colectivas y con Balogun completamente absorbido por la presión mediática: en el primer cuarto de hora apenas tocó tres balones.

El equipo de Pochettino extrañó el desequilibrio de figuras como Sergiño Dest y Christian Pulisic. Bélgica, por su parte, comenzó incluso con Kevin De Bruyne y Romelu Lukaku en el banco, pero eso no le impidió imponer condiciones desde el arranque. En los primeros diez minutos ya había generado seis remates directos al arco, una muestra clara del monólogo futbolístico que se vivía en territorio estadounidense.

El delantero estadounidense Folarin Balogun, durante el partido contra Bélgica de este lunes.
Manu Fernandez (AP Photo/Manu Fernandez)

Los ataques belgas por la izquierda hicieron estragos en una defensa local demasiado vulnerable. Los dos goles de De Ketelaere, a los 9 y 33 minutos, fueron casi calcados: el primero llegó tras una proyección de Nicolas Raskin y el segundo después de un desborde de Leandro Trossard. La frustración de Pochettino quedó expuesta cuando pateó varias botellas junto a su banco tras la segunda anotación.

Estados Unidos encontró un empate momentáneo al minuto 31 gracias a una decisión muy discutida del árbitro jordano Adham Mohammad Makhadmeh, quien sancionó un penal inexistente de Brandon Mechele sobre Balogun. Malik Tillman se encargó del cobro y su disparo, desviado en Vanaken, terminó en la red. Pero la alegría local duró apenas dos minutos: Bélgica volvió a golpear de inmediato y apagó cualquier intento de reacción.

En la segunda mitad, el equipo estadounidense se vino abajo. Su actuación recordó algunas de sus versiones más grises de los años noventa. Un grave error del portero Matt Freese facilitó el tercer gol belga, obra de Hans Vanaken, y desde entonces el partido caminó entre la resignación de la afición local y el control absoluto de los europeos.

Lukaku entró para marcar el cuarto y firmar su tercer gol del torneo. Bélgica resolvió con orgullo y personalidad un escenario cargado de tensión política, y ahora se medirá con España en cuartos de final.

Estados Unidos, en cambio, quedó eliminado en medio de una polémica que ni la intervención de Trump ante la FIFA pudo convertir en salvación deportiva. Según se anunció, el propio presidente entregará el trofeo en la final, aunque este episodio quedará registrado como una maniobra política que no alcanzó para rescatar a su selección.

Fuente: Andrés Burgo para El País

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