Fotografía del viceministro de Relaciones Exteriores de Paraguay, Víctor Verdún (d), con el embajador de Brasil en Paraguay, José Antônio Marcondes de Carvalho (i), durante una reunión de ayer, llevada a cabo tras el escándalo del hackeo del vecino país para obtener información sobre negociaciones de Itaipú. Ministerio de Relaciones Exteriores de Paraguay. ABC
La decisión del Gobierno paraguayo de suspender temporalmente las negociaciones sobre el Anexo C de Itaipú, a raíz del escándalo de espionaje atribuido al Estado brasileño, representa un paso que podría resultar perjudicial para los intereses energéticos y estratégicos de Paraguay. Lejos de fortalecer su posición, el país se encuentra ahora en una situación de inacción que favorece a Brasil, principal comprador de la energía excedente paraguaya.
Esta pausa, anunciada el 1 de abril, implica un estancamiento en las discusiones clave sobre tarifa, cesión de energía y distribución de beneficios. Mientras tanto, Brasil continúa accediendo a la energía de Itaipú a precios muy inferiores al valor de mercado. La falta de una estrategia activa de renegociación mantiene el statu quo, un escenario que el país vecino no tiene apuro en modificar.
El retraso en la revisión del Anexo C llega en un contexto donde Paraguay experimenta un crecimiento sostenido en el consumo interno de electricidad. Según datos recientes, la demanda creció un 48,46% en 2024. Si esta tendencia continúa, para el año 2029 el país podría dejar de contar con excedentes exportables. Esto significa que cada año sin avances en la negociación es un año perdido en términos de recuperación de beneficios económicos y de soberanía energética.
La exviceministra de Minas y Energías, Mercedes Canese, advirtió que Brasil tiene todo el interés en postergar indefinidamente las tratativas, dado que la situación actual le permite acceder a energía paraguaya a un precio muy por debajo de su valor real. En este escenario, la falta de presión negociadora por parte de Paraguay implica una renuncia tácita a miles de millones de dólares en concepto de beneficios no reclamados.
El espionaje denunciado por Paraguay constituye, sin duda, un hecho grave. Sin embargo, expertos advierten que la reacción del Gobierno al cortar el diálogo en lugar de endurecer su postura negociadora puede leerse como un retroceso diplomático. En lugar de aprovechar el incidente para exigir condiciones más justas, Paraguay interrumpió el proceso y, con ello, cedió terreno a su contraparte.
Más allá del conflicto puntual, lo que está en juego es la renegociación de uno de los tratados binacionales más relevantes para el desarrollo económico del país. Al dejar en suspenso las tratativas, se debilita la capacidad de Paraguay de poner sobre la mesa reclamos fundamentales como la revisión de la deuda histórica de Itaipú o el acceso pleno a los beneficios de su producción energética.
Otro factor preocupante es la escasa claridad sobre los objetivos que Paraguay lleva a la mesa de negociación. Según Canese, la ciudadanía desconoce qué puntos defiende el Gobierno en el proceso de revisión del Anexo C. Esta falta de transparencia impide un respaldo informado desde la sociedad civil y abre la puerta a decisiones contrarias al interés nacional sin un debido escrutinio público.
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Mientras tanto, Brasil mantiene su estrategia: ganar tiempo y continuar beneficiándose de un sistema que le otorga ventajas económicas sustanciales. El silencio prolongado de Paraguay, sin una hoja de ruta clara ni una estrategia comunicacional definida, termina por consolidar esa ventaja estructural.
Cada mes sin avances representa ingresos perdidos y un retroceso en la defensa de la soberanía sobre los recursos hidroeléctricos. El desafío para Paraguay es enorme: negociar condiciones más justas, exigir la revisión de deudas cuestionadas, y preparar el sistema energético nacional para una etapa sin excedentes. Todo ello requiere firmeza, estrategia y continuidad, elementos que hoy están en pausa.
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A medida que se dilata el proceso, la posibilidad de que Brasil consolide su posición de dominio crece. La suspensión del diálogo, lejos de ser una señal de fuerza, puede convertirse en una señal de debilidad estratégica si no se retoma con condiciones claras y un liderazgo firme. Paraguay, en este escenario, corre el riesgo de perder una oportunidad histórica.
Fuente: ABC Color
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