Un estudio realizado por la Consultora Mentu, basado en datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre Indicadores de Pobreza Monetaria y Distribución de Ingreso de 2024, revela que el 20% de la población paraguaya no cuenta con ingresos suficientes para cubrir una canasta básica de bienes. Esto significa que aproximadamente 1.189.045 paraguayos viven con ingresos per cápita inferiores a G. 897.168 en zonas urbanas y G. 654.657 en áreas rurales. La brecha entre estos sectores se mantiene significativa, con una incidencia de pobreza rural del 25,9%, superando en 9,3 puntos porcentuales a las zonas urbanas, evidenciando las desigualdades estructurales que persisten en el país.
La situación de pobreza extrema también refleja disparidades territoriales importantes. A nivel nacional, la tasa se ubica en 4,1%, equivalente a 244.825 personas que subsisten con ingresos menores a G. 391.894 per cápita mensual en áreas urbanas y G. 357.891 en zonas rurales. Sin embargo, al analizar por sectores, se observa que mientras en áreas urbanas la pobreza extrema alcanza el 1,9%, en regiones rurales esta cifra se cuadruplica hasta el 7,9%. Este contraste subraya las menores oportunidades de desarrollo y acceso a servicios básicos que enfrentan los habitantes de zonas alejadas de los centros urbanos.
Un aspecto destacado en el análisis de Mentu se relaciona con la metodología utilizada para calcular la reducción de la pobreza. Según la consultora, los indicadores consideran ajustes en el ingreso por persona al contabilizar beneficios como el plato de alimento entregado dentro del programa Hambre Cero. ‘Suponiendo que el valor del plato de almuerzo escolar es de G. 10.000, a cada niño se le habría asignado G. 220.000 por mes, lo que habría contribuido a la reducción de la tasa pobreza, en especial la extrema, al permitir superar en ciertos casos el costo de la canasta básica de alimentos’, señala el informe, sugiriendo que estos programas asistenciales tienen un impacto directo en los indicadores, aunque plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de estas mejoras.
Reducción de pobreza en 2024 y contexto político
Desde el Gobierno se destacó una reducción de 2,2 puntos porcentuales en la pobreza total respecto al año anterior, posicionando la tasa en el nivel más bajo desde 1997/98, cuando se implementó la actual metodología de medición. Sin embargo, los datos divulgados corresponden al año calendario, por lo que la mayor parte del período considerado incluye la gestión del expresidente Mario Abdo Benítez.
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Analistas advierten que la lectura de los resultados debe hacerse con cautela, teniendo en cuenta que los efectos de políticas sociales recientes aún no se reflejan de manera plena en los datos, debido al desfase entre su implementación y la medición anual.
Necesidad de políticas sostenibles
El estudio subraya que reducir la pobreza de forma consistente requiere un enfoque integral que combine asistencia social con generación de empleo, mejora en la calidad educativa, acceso equitativo a servicios de salud y fortalecimiento de la infraestructura productiva, especialmente en zonas rurales.
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También se destaca la urgencia de cerrar las brechas de ingreso entre zonas urbanas y rurales, así como diseñar estrategias diferenciadas por territorio, considerando que la incidencia de la pobreza no es uniforme en todo el país.
Desafíos estructurales persisten
Aunque se registren avances en los indicadores oficiales, el desafío estructural de la pobreza en Paraguay permanece vigente. La alta proporción de población que no logra cubrir sus necesidades básicas indica una vulnerabilidad sostenida, agravada por factores como la informalidad laboral, el acceso limitado a protección social y la disparidad territorial en servicios públicos.
El informe plantea que la planificación a largo plazo y la evaluación permanente de los programas sociales serán determinantes para asegurar que la reducción de la pobreza no sea solo estadística, sino también una mejora real en las condiciones de vida de los paraguayos.
Fuente: Última Hora