Un reciente estudio científico ha confirmado lo que muchos especialistas venían advirtiendo: el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir representa un serio perjuicio para la calidad del sueño. La investigación, publicada el 30 de marzo de 2025 en la prestigiosa revista Frontiers in Psychiatry, revela que utilizar una pantalla durante una hora en la cama incrementa el riesgo de insomnio en un alarmante 59% y reduce el tiempo efectivo de descanso en aproximadamente 24 minutos por noche.
El estudio, uno de los más extensos realizados sobre el tema, analizó los hábitos de 45.202 adultos jóvenes en Noruega mediante la encuesta de Salud y Bienestar de los Estudiantes de 2022. A diferencia de investigaciones anteriores centradas principalmente en adolescentes, esta vez los científicos dirigieron su atención a estudiantes universitarios de entre 18 y 28 años, un grupo poblacional que frecuentemente reporta problemas de sueño con significativas implicaciones para su salud mental y rendimiento académico.
La investigación identificó cuatro mecanismos principales mediante los cuales el uso de pantallas interfiere con el descanso adecuado: las notificaciones y vibraciones interrumpen el proceso natural del sueño, el tiempo dedicado a dispositivos electrónicos reemplaza horas de descanso, las actividades digitales mantienen el cerebro estimulado dificultando la conciliación del sueño, y la exposición a la luz artificial altera los ritmos circadianos del organismo.
Contrariamente a la creencia popular, los investigadores descubrieron que no existe diferencia significativa entre el uso de redes sociales y otras actividades digitales en términos de impacto sobre el sueño. “El tipo de actividad frente a una pantalla no parece importar tanto como el tiempo total que se pasa frente a una pantalla en la cama”, afirma Gunnhild Johnsen Hjetland, investigadora del Instituto Noruego de Salud Pública y autora principal del estudio.
Otro hallazgo relevante desmitifica parcialmente la teoría sobre la luz azul. Si bien existe evidencia de que este tipo de luz puede afectar los ciclos de sueño, el estudio sugiere que las aplicaciones o gafas que bloquean la luz azul no mejoran necesariamente la calidad del descanso. Las recomendaciones más efectivas incluyen reducir el brillo de la pantalla, disminuir el tiempo de exposición y activar el modo “no molestar” en los dispositivos.
La metodología del estudio fue rigurosa: los participantes debían reportar si utilizaban pantallas después de acostarse, durante cuánto tiempo y para qué actividades específicas (series, películas, juegos, redes sociales, navegación web, podcasts o lectura académica). Adicionalmente, proporcionaron información detallada sobre sus horarios de sueño, tiempo para conciliar el descanso, frecuencia de problemas para dormir y somnolencia diurna. El insomnio fue definido como problemas persistentes para dormir y somnolencia durante el día al menos tres veces por semana durante un mínimo de tres meses.
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Los resultados fueron contundentes: por cada hora adicional de uso de pantallas en la cama, las probabilidades de experimentar síntomas de insomnio aumentaban en un 59%, mientras que la duración del sueño se reducía en promedio 24 minutos. El análisis estadístico no mostró interacción significativa entre el tiempo dedicado a las pantallas y el tipo específico de actividad, sugiriendo que el principal problema radica en el desplazamiento del tiempo de descanso, no en un mayor estado de alerta provocado por determinadas actividades digitales.
La investigadora Hjetland señala una limitación importante del estudio: “No puede determinar la causalidad, por ejemplo, si el uso de pantallas causa insomnio o si los estudiantes con insomnio utilizan más las pantallas”. Además, reconoce que la falta de evaluaciones fisiológicas impide obtener datos más precisos sobre los patrones de sueño de los participantes. Sin embargo, la amplitud de la muestra y la consistencia de los resultados ofrecen evidencia significativa sobre la relación negativa entre el uso de dispositivos electrónicos en la cama y la calidad del sueño.
Fuente: DW