Foto: Dardo Ramírez.
En el corazón del centro asunceno, donde las calles Herrera y Estados Unidos se cruzan, Juan Carlos Gómez Santacruz mantiene viva una tradición que comenzó hace 33 años con la Librería San Cayetano. Este piribebuyense de 62 años, que actualmente reside en San Lorenzo, ha dedicado gran parte de su vida a coleccionar, preservar y comercializar libros antiguos, construyendo un refugio literario que alberga aproximadamente 40.000 ejemplares de diversas épocas, géneros y valores. El recorrido profesional de Gómez comenzó durante su niñez en una revistería ubicada en la calle Perú casi Teniente Fariña, donde aprendió los fundamentos de un oficio que posteriormente se convertiría en su pasión y sustento familiar.
La trayectoria de este guardián de las letras tuvo un punto de inflexión en 1991, cuando decidió independizarse e iniciar su propio emprendimiento con una pequeña casilla al otro lado de la calle donde actualmente se encuentra su librería. En aquellos tiempos, recuerda, las revistas dominaban el mercado de la lectura con publicaciones emblemáticas como El Gráfico, El Tony, D’Artagnan y los populares cómics, sin olvidar a Gordito y Corín Tellado que cautivaban especialmente al público femenino.
La Semana Santa representaba el período de mayor actividad, cuando multitudes acudían para intercambiar revistas. Con el advenimiento de la tecnología, este formato fue perdiendo terreno, lo que motivó a Gómez a enfocarse exclusivamente en los libros usados, ofreciendo así una alternativa más accesible para los amantes de la lectura.
El librero destaca con orgullo la diversidad de su clientela, compuesta principalmente por jóvenes aficionados a la literatura y filosofía, estudiantes y profesionales de distintas áreas. Esta nueva generación de lectores, organizados incluso en clubs literarios, ha reconocido la labor de Gómez como custodio del patrimonio bibliográfico paraguayo. Su profundo conocimiento sobre los títulos que comercializa le permite asesorar adecuadamente a quienes buscan recomendaciones o alternativas cuando no encuentran el ejemplar deseado. El intercambio con clientes ilustres como Rudi Torga y el historiador Scavone Yegros ha enriquecido constantemente su formación autodidacta, permitiéndole ampliar sus conocimientos sobre literatura paraguaya y universal, aunque reconoce la imposibilidad de dominar un universo tan vasto como el literario.
A través de sus estanterías desfilan obras de todos los géneros, desde historia paraguaya hasta filosofía y literatura clásica. Entre sus lecturas predilectas menciona «El juego de abalorios» de Hermann Hesse, el «Martín Fierro» que leyó en dos ocasiones, y «El alma de la raza» del paraguayo Manuel Domínguez. Su colección incluye ejemplares de gran valor histórico, algunos datados en 1850, aunque recuerda haber tenido en su poder un libro de 1600 hace aproximadamente dos décadas, cuando el valor de las publicaciones antiguas no era tan apreciado. Actualmente, los títulos relacionados con la historia paraguaya, especialmente aquellos que abordan la Guerra contra la Triple Alianza y la Guerra del Chaco, figuran entre los más solicitados, junto con los clásicos textos escolares como «Semillita», «Sigamos leyendo» y «Estrellita».
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Juan Carlos Gómez refuta enfáticamente la creencia de que los paraguayos no tienen interés en la lectura. «No hay que confundir no querer con no poder», afirma, señalando que históricamente la educación en Paraguay ha enfrentado limitaciones y que muchas personas debían priorizar el trabajo para la supervivencia, con poco tiempo disponible para actividades culturales. Como testimonio de que existe un público lector, menciona que gracias a su negocio ha podido construir su casa, criar a sus hijos y enviarlos a la universidad, e incluso dos de ellos han seguido sus pasos abriendo sus propias librerías en San Lorenzo.
El compromiso de Gómez con la promoción de la lectura trascendió el ámbito comercial cuando, junto a su familia, estableció una biblioteca comunitaria llamada «Jorge Gabriel» en homenaje a su hijo fallecido, un espacio que durante ocho años brindó apoyo educativo a niños del vecindario. Para este apasionado librero, el hábito de la lectura nace en el hogar, y no hay mayor satisfacción que ver a familias enteras recorriendo su librería, explorando libremente entre sus estantes el fascinante mundo de los libros.
Fuente: Última Hora
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