El descubrimiento de oro en Paso Yobái, localidad ubicada a 210 kilómetros al este de Asunción, ha transformado radicalmente la dinámica social, económica y ambiental de este poblado paraguayo en las últimas dos décadas. Actualmente, aproximadamente 5.000 de sus 30.000 habitantes se dedican a la extracción artesanal del metal precioso, abriendo numerosas canteras y pozos que, según denuncian productores agrícolas e indígenas, están provocando graves daños al ecosistema local. El conflicto entre mineros y agricultores ha escalado hasta enfrentamientos directos, evidenciando la urgente necesidad de una regulación efectiva que equilibre desarrollo económico y sostenibilidad ambiental.
Denuncias de contaminación
Vidal Brítez, presidente de la Asociación de Productores de Yerba Mate y uno de los principales opositores a la expansión minera descontrolada, muestra hojas impregnadas de polvo rojo proveniente de las canteras cercanas, señalando que este fenómeno ha comenzado a afectar la comercialización del producto. “Los compradores ya no aceptan nuestra yerba mate”, lamenta el agricultor de 56 años, destacando que la zona es reconocida como “la cuna de la yerba mate”, infusión emblemática en varios países de Sudamérica. La coexistencia entre ambas actividades productivas se ha vuelto cada vez más tensa, culminando en enfrentamientos como el ocurrido a finales de marzo, cuando un grupo de yerbateros intentó bloquear el paso a mineros encapuchados que, según denuncian, portaban armas.

Los opositores a la actividad minera denuncian que las excavaciones, que pueden alcanzar los 80 metros de largo y 10 de profundidad, han avanzado hasta la vera de los caminos, invadiendo espacios tradicionalmente dedicados a la agricultura. Estas operaciones extractivas utilizan químicos como el cianuro y el mercurio en el proceso de lixiviación para separar el oro, sustancias catalogadas como neurotóxicos que, según los denunciantes, están contaminando las fuentes de agua. “Ya destruyeron todo alrededor de Paso Yobái: cauces, nacientes, esterales. Por el color, por los peces muertos se descubre la contaminación. Las aguas son rojas”, afirma Brítez, describiendo un panorama que contrasta con la tradicional imagen verde de los yerbales paraguayos.
Impacto en comunidades indígenas y rentabilidad económica
Las comunidades indígenas Mbyá Guaraní también han alzado su voz contra la expansión minera. Nery Cardozo Benítez, cacique de 40 años, expresa su preocupación por los efectos de los químicos utilizados: “Son muy potentes. Se evaporan por el aire y contaminan nuestros animales”. En similar línea, Mariano Benítez, otro líder Mbyá Guaraní, denuncia la muerte de peces y la falta de acceso a agua potable, reclamando que “el recurso natural es de todos, no es solo para los ricos ni para las autoridades”. Estas declaraciones reflejan la dimensión social del conflicto, donde poblaciones vulnerables sienten amenazados sus medios tradicionales de subsistencia.

Frente a estas denuncias, representantes gubernamentales y del sector minero cuestionan la existencia de evidencia científica que respalde las acusaciones de contaminación. Mauricio Bejarano, viceministro de Minas y Energía, señala que “hasta ahora, que yo sepa, no hay ninguna denuncia” ante la fiscalía ambiental, sugiriendo que el conflicto responde más a “una competencia por el territorio” que a problemas ambientales verificables. Bejarano destaca la rentabilidad económica de la actividad, informando que en 2024 se exportaron 600 kilogramos de oro, generando 260.000 dólares en regalías para el Estado paraguayo, con una cotización internacional cercana a los 3.000 dólares por onza que garantiza una alta rentabilidad.
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La historia reciente de Paso Yobái ilustra cómo un hallazgo fortuito puede transformar completamente la vocación productiva de una región. A mediados de los años 90, un minero artesanal ecuatoriano encontró una pepita dorada en el arroyo Itá, desencadenando una fiebre del oro que ha convertido este tranquilo poblado yerbatero en un “hormiguero” donde filas de camiones transportan arena hasta piletas de procesamiento valoradas en 80.000 dólares. Según estimaciones de los mineros, existen menos de 150 excavaciones activas, mientras que los yerbateros calculan más de 300, la mayoría operando sin regularización. Cada una de estas canteras puede producir aproximadamente un kilogramo de oro en uno o dos meses, lo que explica la resistencia del sector minero a cualquier intento de limitación territorial.
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El ingeniero agrónomo Rubén Irala Galeano, quien participa en una investigación académica sobre el tema, califica la situación como ‘una anarquía’ donde están involucrados “empresarios y poderosos políticos”. Irala adelanta que el estudio, próximo a publicarse por las universidades Nacional y Católica, concluye que se está “cometiendo un crimen ecológico en Paso Yobái”. Como alternativa, propone reemplazar el cianuro y el mercurio por productos sintéticos ecológicos y exhorta al gobierno paraguayo a implementar efectivamente el Convenio de Minamata, tratado internacional que busca eliminar el uso de material tóxico en la minería y que Paraguay suscribió junto a otros 127 países. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señala que Paraguay “no ha realizado un inventario nacional de mercurio”, lo que dificulta dimensionar el verdadero impacto ambiental de estas actividades extractivas.
Fuente: ABC Color